Síntesis histórica

Una breve introducción histórica. (Os lo podéis saltar que esto ya es viejo)

Un viaje a Extremadura conlleva inevitablemente un viaje a la historia. Nosotros tuvimos la suerte de estudiar un bachiller respetuoso con el pasado, respetuoso con los miles de muertos de todos los lados y de todos los tiempos. Los que nos lo mostraron no actuaron como jueces, sino como observadores. El pasado fue lo que fue porque los que lo vivieron no supieron o no pudieron hacerlo de mejor forma. Igual que le pasa a nuestro presente. Siempre el pasado es cruel e imperfecto, en todo sitio y momento, pero no tenemos ningún derecho a borrarlo ni a cambiarlo. Como nadie tendrá derecho a hacer lo mismo con nuestro presente. Es bochornoso ignorarlo y ocultarlo, como hace esta sociedad ahora con nuestros nietos e hizo antes con nuestros hijos.

Yo recuerdo que estudié la historia de España en 2º de Bachiller. Era una historia resumida, una cultura de guía de teléfonos, por ejemplo “ a Don Pelayo le sucedió su hijo Favila, a quién se lo comió un oso”, y ya está, pero algo es algo. ¿Qué fue de todos aquellos datos? Los punterazos que me pegaba la profesora cuando me pillaba descuidado es lo que me dejó un recuerdo más vivo. De lo demás me acuerdo poco. Me suenan los nombres, algún detalle suelto, pero ahora, con el wikipedia, es fácil rellenar los huecos vacíos.

Así he podido hacer una síntesis histórica común a toda la zona de nuestro viaje, desde Cáceres hasta Badajoz, que creo que se podía resumir más o menos de la siguiente manera:
  1. Quedan testimonios de la presencia de habitantes prehistóricos en algunos lugares, como en Cáceres, por ejemplo: La cueva del Maltravieso (actualmente cerrada por obras), y restos agrupados en algunos museos etnográficos como el de Plasencia o Cáceres.
  2. Hay constancia, por numerosos restos de ciudades y grandes obras civiles, de una importante presencia romana asentada a lo largo de toda la Vía de la plata, fundamentalmente en Mérida. La presencia romana en la península va desde 218 a.d.C hasta la llegada de los visigodos (Siglo IV, a partir de año 409). O sea, unos 600 años, dando por saco los jodidos romanos.
  3. Parece que los visigodos, también llamados bárbaros, se empeñaron en no dejar piedra sobre piedra, lo que explica, más allá del tiempo pasado, el deterioro de las ruinas romanas que nos quedan en la actualidad. También se justifica por el acusado sentido de la utilidad de los hispamos de la edad media y posteriores que supieron encontrarle partido como materiales de construcción para sus nuevos edificios públicos y particulares a todas aquellas piedras que dejaron tiradas por todos los sitios los malditos romanos.

    Los visigodos construyeron también lo suyo, pero cuando llegaron los moros, descolgaron los retratos y las estatuas de las paredes y colgaron los suyos propios, justo encima de donde estuvieron los de los visigodos. Lo que nos deja claro que la ley de la memoria histórica es más antigua de lo que parece, lo que pasa es que a los antiguos les llamamos bárbaros por hacer lo que ahora nos parece culto, moderno y progresista. Y, si quitaron los retratos y las estatuas, qué no iban a hacer con los edificios. Por eso no quedan restos visigodos en parte alguna a pesar de que ocuparon la península durante 300 años.
  4. Como es sabido en el año 711 una auténtica plaga de sin-papeles omeyas cruzaron el estrecho de Gibraltar en grandes pateras, según parece, con intenciones de quedarse. Los que se instalaron en esta zona de Extremadura estuvieron más o menos cómodos hasta el año 1220, más o menos, en que llegaron del norte los leoneses, los cántabros y los astures bajo el mando del Rey Alfonso IX de León y, como diría el Antunez, les pegaron la carrera del pollo. No obstante, los moracos regresaron más tarde a muchos sitios con intenciones de tomarse la revancha, y, parece ser, que en algunos de ellos se la tomaron. Pero en 1234 volvió Fernando III el Santo, hijo del citado Alfonso IX de León y de Berenguela, hija de Alfonso VIII de Castilla. Por esta razón Fernando III vino ya como rey de Castilla y de León, aunque a decir verdad,lo del doble reinado no fue una cosa facilona, de por herencia. No. Se lo tuvo que currar y gastarse una pasta también para convencer a sus hermanastras que se querían quedar con la herencia del padre. En resumen, el tal Fernando III echo definitivamente a los taifas extremeños. Como era costumbre tras la reconquista, había que repoblar la zona reconquistada con campesinos y soldados que la defendiesen de otra posible reinvasión. Fernando III encomendó esta función a las Ordenes Militares que le ayudaron en sus múltiples batallas. por ejemplo: la de Santiago, la de Calatrava, y particularmente en toda esta zona de Extremadura, a la Orden del Temple. A su vez los caballeros de cada una de estas órdenes militares se repartían en forma de señoríos las distintas villas y aldeas, así como a los villanos y villanas, aldeanos y aldeanas encargados de repoblarlas, con el consiguiente derecho discrecional de pernada de parte de los caballeros templarios o de lo que fueran para repoblar también ellos un poquito. Luego, en los dos siguientes siglos, las disputas por las coronas de Castilla, Aragón, Portugal, Navarra, la reconquista de Alandalus, etc, crearon un ambiente de división y permanente disputa entre unos y otros de estos caballeros, apoyando a uno u otro de estos monarcas en su lucha por el reino propio y el ajeno. En Extremadura, la penúltima toma de partido hubo que optar por Isabel I de Castilla o por Juana la Beltraneja. Y a la postre resultó que no fue la penúltima, sino la última, porque la tal Isabel, tenía una mala leche parecida a la de aquel caudillo bajito y con bigote que la vino a suceder casi 500 años después, y, cuando ganó, tomo medidas para dejarlo todo atado y bien atado. De modo que desmochó las torres de los palacios defensivos de todos los señores, principalmente de los que habían ayudado al otro bando, pero también de los amigos, y muchos de los señoríos los convirtió en realengos con regidores perpetuos, con lo que puso término a gran parte de aquellas disputas que tanto debilitaron a sus antecesores en el trono, pacificando y aclarando bastante las cosas de ahí en adelante.
  5. El siguiente episodio histórico que afectó de forma importante a esta tierra extremeña fue el descubrimiento de América. Por un lado, muchos de los nuevos colonizadores americanos fueron emigrantes extremeños, descendientes de aquellos leoneses, cántabros y astures que unos siglos antes habían colonizado la antigua tierra de moros. De modo que Extremadura de momento se empobreció con el descenso demográfico de esta nueva emigración, pero, posteriormente, el éxito de la empresa colonizadora propició que muchos de aquellos emigrantes revertieran, con creces, la riqueza que aquella aventura suya deparó a esta tierra, especialmente a sus descendientes, en forma de señoríos, títulos nobiliarios y recursos económicos. Los Pizarro, Hernán Cortés, Francisco de Orellana, Nuñez de Balboa, Nocolás de Ovando, etc dejaron un legado económico a sus familias del que han quedado restos en forma de palacios, edificios y un reconocimiento histórico del que se sienten orgullosos herederos los propios extremeños de todos los tiempos posteriores.
  6. El siguiente gran acontecimiento que dejo marca en toda esta tierra es la invasión napoleónica. Parece que los franceses también estuvieron por esta zona durante bastantes años de la guerra de la independencia (1808-1814), es de suponer que causando graves perjuicios humanos, económicos y morales. En muchos lugares de la región, como en otras partes de España, los propios ciudadanos se organizaron en juntas de defensa para participar en la lucha armada directa, dando un raro y gran ejemplo en nuestra historia de actuación como un pueblo unido de forma voluntaria contra un enemigo común. Por ejemplo, en Almendralejo se organizó un regimiento de voluntarios al mando del Marqués de Monsalud del que seguramente se guardará memoria en formato de estatuas o similares, que podremos contemplar in situ si finalmente tenemos tiempo para visitar este cercano municipio a nuestro lugar de residencia.
  7. La guerra civil en Extremadura se puede decir que duró poco. La mayor parte de la región estaba ya dominada por las tropas franquistas a mediados de agosto de 1936. La resistencia de las fuerzas republicanas en cada pueblo mantuvo combates en las calles con los partidarios locales del levantamiento durante un escaso, pero sangriento mes, hasta la llegada de las tropas sublevadas procedente de Africa y Sevilla, bajo el mando de Yagüe, Queipo de Llano y del propio Franco, que de forma rápida pero muy cruenta fue tomando toda el área en poco menos de 15 días desde Badajoz hasta hacia Cáceres, al norte, y al este hasta Navalmoral de la Mata. Las batallas más cruentas se dieron en Badajoz y Mérida.


Y hasta aquí esta atrevida síntesis histórica, que me ha entretenido unas horas de inactividad y me ha jodido, un poquito más, mis ya jodidas muñecas, y que a su vez me ha hecho considerar el interés de hacernos acompañar por un guía sobre todo en las visitas de Cáceres y Trujillo, si es que vamos a ambos sitios. De hacerlo así, podremos escuchar las curiosas historias que encierra cada palacio o cada calle de estas ciudades. Si las visitamos nosotros solos, es posible que sólo veamos un montón de piedras viejas que nuestros ojos no serán capaces de traspasar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario